El carácter privativo o ganancial de bienes adquiridos antes del matrimonio

El presente artículo resume un caso práctico que tuvimos en el despacho hace poco, y sobre el que quisimos hacer unas cortas reflexiones dada la importancia que tiene el tema para nuestros clientes. 

La pregunta más inmediata que hace una persona cuando toma la difícil decisión de divorciarse, sea cómo se va a repartir el patrimonio común ¿Qué es mío y qué es suyo? ¿Qué es privativo y qué es ganancial? 

La normativa actualmente contempla tres posibilidades en lo referente a organizar económicamente el matrimonio: sociedad legal de gananciales (1344 CC), separación de bienes (1435CC) y régimen de participación (1411 CC). 

En régimen de gananciales, tanto los ingresos y beneficios como los pasivos se hacen comunes, y en caso de disolución se atribuirán a la mitad entre los cónyuges. 

En el Régimen de separación de bienes, que actualmente es el más común, existen dos patrimonios diferenciados, el de cada cónyuge, lo cual no supone modificación patrimonial alguna una vez se produce el matrimonio, más allá del deber de contribuir a las cargas propias del mismo. 

El tercero, el régimen de participación, con incidencia residual en España, podríamos considerarlo un híbrido de la sociedad legal de gananciales y separación de bienes, durante el tiempo que continúe vigente la sociedad conyugal.

Vamos a centrarnos en el régimen de gananciales por ser el más extendido en la práctica, y porque además, será considerado por defecto de los otros si no se hubieran previsto expresamente en la mayoría de CCAA, siendo la excepción los territorios forales como por ejemplo Cataluña, cuyo régimen en defecto de pacto será el de separación de bienes. 

Según este régimen, todos los bienes existentes en el matrimonio se benefician de la presunción de gananciales salvo prueba en contrario, es decir, mientras no se pruebe que pertenecen privativamente a uno de los cónyuges. El Código Civil en sus artículos 1346 y 1347 enumera qué son bienes privativos y qué son bienes gananciales, respectivamente, y de esa redacción dependerá si lo conservas o no.

Quedando clara la importancia de la distinción de bienes con carácter ganancial y bienes con carácter patrimonial, ¿es este carácter modificable? ¿Puede un bien convertirse de privativo a ganancial y viceversa? La respuesta es sí, mediante tres vías diferentes: la confesión (1324 CC), la atribución de ganancialidad (1361 CC) y la transmisión entre cónyuges (1355 CC). Ahora bien, estos métodos tienen lugar durante la vigencia del matrimonio y con pleno consentimiento de los cónyuges, y en el caso de la confesión, sólo se produce de ganancial a privativo.

¿Qué ocurre si hubiera discrepancia en el carácter privativo de un bien durante un proceso de divorcio? ¿Y si se trata de un bien inmueble adquirido de forma privativa previamente al matrimonio, que continuó financiándose mediante el pago de la hipoteca una vez constituido el matrimonio? 

Si bien la normativa establece que es privativo el bien que le perteneciera al comenzar la sociedad (aunque se escriture con posterioridad), para el caso de un bien inmueble destinado a vivienda familiar y con precio aplazado, la naturaleza será doble (1354 CC). Es decir, privativo en el porcentaje de dinero abonado antes de contraer matrimonio y ganancial en el porcentaje abonado tras celebrarse el matrimonio. Si no se destina a vivienda familiar, aunque todo o parte del precio aplazado se abone con dinero ganancial, seguirá siendo privativo (1357 CC). 

¿Y si en ese bien inmueble tiene lugar un negocio? ¿O el desarrollo de una actividad profesional de forma individual? Ambas situaciones tienen trascendencia económica cuando se disuelve la sociedad conyugal, y el Tribunal Supremo ya se pronunció en STS 603/2017 de 10 de noviembre respecto a la situación del desarrollo de una actividad profesional financiada con fondos comunes, siendo el elemento organizativo lo determinante para su naturaleza ganancial sobre la prestación intuitu personae. 

¿Qué ocurriría con un negocio financiado privativamente con anterioridad al matrimonio, pero del cual se ha beneficiado económica y laboralmente el núcleo familiar? Se entenderá mejor con un ejemplo.

Supongamos que Fulano mantiene una relación de noviazgo de varios años con Mengana, durante la cual deciden comprar un bien inmueble y poner en marcha una clínica odontológica, pagando X cantidad en efectivo y suscribiendo una hipoteca. Al año deciden casarse y se continúa abonando el resto de la hipoteca con dinero de una cuenta común de ambos. Tanto Fulano como Mengana son odontólogos de profesión y eventualmente Mengana comienza a trabajar también en la clínica. Pasan los años y deciden divorciarse, surgiendo la duda de si la clínica tiene carácter privativo (de Fulano que la tiene a su nombre) o ganancial.

Pareciera a primera vista que se trata de la situación del artículo 1354 del Código Civil, por la cual el bien inmueble correspondería un porcentaje a uno de los cónyuges privativamente y otro porcentaje a la sociedad de gananciales desde que creó. Tampoco hay duda que los beneficios obtenidos por el negocio constituyen rendimientos del trabajo y son gananciales. 

Aun así, nos inclinamos a pensar que la clínica posee un carácter enteramente ganancial por varias razones. En primer lugar, porque se financió por dinero común de los entonces novios por la estabilidad que precedía a la relación de noviazgo, que se formalizó poco tiempo después de la adquisición del bien inmueble. En segundo lugar, porque los gastos de la clínica se pagaron con dinero gananciales una vez producido el matrimonio, y porque la clínica constituía la fuente de ingresos principal de la familia. Y finalmente porque de ello se estaba beneficiando por igual a ambas partes, tanto en el negocio como en la sociedad de gananciales.

La dificultad de la cuestión es básicamente probatoria, porque al haberse constituido el negocio con anterioridad al matrimonio, y estas bajo la titularidad de uno solo de los cónyuges, habrá que desplegar todos los medios de prueba a nuestro alcance para determinar la ganancialidad del bien, acreditando que el matrimonio corrió con los gastos de propio negocio, y disfruto de sus beneficios.

Todo ello sin perjuicio de que el cónyuge que alega la privatividad del bien, es quien debe probar la misma, porque a priori existe la presunción legal de que es un bien ganancial. 

 

Daniela Zamora

Legal Trainee en Legalnetwork Associates